Silvia Walz nos da a conocer su trabajo en esta retrospectiva que es, al mismo tiempo, una etapa más de su carrera artística en constante evolución. En cada una de las piezas exhibidas encontramos argumentos variados combinados en un discurso complejo. ¿Hay, en el conjunto de su obra, una sensibilidad femenina? Sí, por cuanto encontramos en ella referencias directas o indirectas a mujeres, así como ciertas alusiones a lo que fueron, un día, labores que acostumbramos a considerar femeninas, como bordar, coser o, tal vez incluso, pintar. Pero todo esto surge transformado gracias a un giro razonado y emancipado de convenciones que nos permite preguntarnos: ¿qué pretende decir Silvia Walz? Y es que, como sucede con todo el arte contemporáneo, sus obras exigen de nosotros un ejercicio intelectual para comprender las intenciones creativas y comunicativas de la autora. Sin embargo, esta tentativa de comprensión no debe tener un punto final. Ha de ser una interpretación provisional que preceda a otras sucesivas, lo que, en un proceso simétrico al suyo, implica igualmente el trabajo del observador.

Silvia Walz: vestigios en un tiempo-otro

Silvia Walz nos da a conocer su trabajo en esta retrospectiva que es, al mismo tiempo, una etapa más de su carrera artística en constante evolución. En cada una de las piezas exhibidas encontramos argumentos variados combinados en un discurso complejo. ¿Hay, en el conjunto de su obra, una sensibilidad femenina? Sí, por cuanto encontramos en ella referencias directas o indirectas a mujeres, así como ciertas alusiones a lo que fueron, un día, labores que acostumbramos a considerar femeninas, como bordar, coser o, tal vez incluso, pintar. Pero todo esto surge transformado gracias a un giro razonado y emancipado de convenciones que nos permite preguntarnos: ¿qué pretende decir Silvia Walz? Y es que, como sucede con todo el arte contemporáneo, sus obras exigen de nosotros un ejercicio intelectual para comprender las intenciones creativas y comunicativas de la autora. Sin embargo, esta tentativa de comprensión no debe tener un punto final. Ha de ser una interpretación provisional que preceda a otras sucesivas, lo que, en un proceso simétrico al suyo, implica igualmente el trabajo del observador.

Foucault nos propone reflexionar sobre la heterotopía. Al contrario que las utopías – que conectan con localizaciones esencialmente irreales, aunque puedan ser lugares que conecten con un espacio social real como analogías directas o invertidas – las heterotopías, por oposición, son lugares reales. Tal vez, algún día, hayan sido utopías también, pero efectivamente realizadas. Las heterotopías son espacios-otros, son lugares donde varias experiencias humanas se reúnen y, aunque parecen incompatibles, producen modos de vida o efectos múltiples y mixtos. Son espacios donde alteridad e identidad se entrelazan, donde, por lo tanto, residen la heterogeneidad, la diferencia y expresiones de pluralismo. Funcionan plenamente cuando hay una especie de “ruptura absoluta con el tempo tradicional,” cuando el tiempo también se acumula en ellos, simétricamente.[i]

Este tiempo no es ni una vuelta al cero, a la nada, ni es tampoco el tiempo de la historia, como una ruina muerta del pasado. Es, diría yo, un tiempo-otro. Un tiempo que siendo presente y múltiple, conserva vivas memorias, ideas, y sentimientos. Un tiempo que Incluye vestigios, no como restos estancados, pero sí reciclados, hechos de sensaciones tangibles. Está activo y en diálogo con el presente. Es un tiempo vivo que se hace materia artística. Es pensado, acumulado y sincronizado con experiencias de vida, para expresar intenciones y elecciones individuales.

Una a una, las piezas de Silvia Walz son vestigios en un tiempo-otro. Hay en cada una de ellas esta característica dialogante entre memorias, más o menos antiguas, y vestigios de miradas en un entorno mediterráneo que —Silvia nació en el norte de Europa— ha decidido hacerlo suyo. Hay en sus obras una multiplicidad que, intrigante, se da a ser sentida y pensada. Por otro lado, si miramos retrospectivamente, sus piezas, en conjunto, son también vestigios de una historia de vida, igualmente vivida como un tiempo-otro, en un lugar que ha transformado en espacio-otro. Por esta vía, enseña la evolución de su obra como un proceso artístico sin final a la vista. Está buscando imparablemente, con curiosidad por la heterogeneidad. Nos hace pensar, también, que si hay siempre unicidad en cada pieza, hay igualmente pasos y momentos diferentes en el descubrimiento, en la experiencia reflexiva.

Las materias y las técnicas, se hacen vestigios tangibles, por lo tanto, vivos, en ese mismo tiempo-otro. Van coadyuvando en su proceso creativo. Si cada técnica tiene también una historia, una ruta con reglas propias, Silvia Walz las explora, desafiando convenciones. Haciendo conjugaciones, experimentando, inventa hasta hacerlas expresivas, hasta hacerlas materia artística capacitada para subrayar lo que nos quiere decir, a través de una poética múltiple.

 

[i]       Foucault, Michel, 1984, “Des espaces autres. Hétérotopies”, (conférencia en el Cercle d’études Architecturales, 1967), en Architecture, Mouvement, Continuité, n°5, Octubre: 46-49.. [http://foucault.info/documents/heteroTopia/foucault.heteroTopia.fr.html]

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